CONOZCA
CUÁNDO LA TECNOLOGÍA ES LO QUE LO ENFERMA
A nadie sorprende ver personas que están todo el
día con el teléfono en la mano como si fuese una extensión de sus cuerpos. Hay
quienes no apagan sus equipos ni siquiera en el cine o en las salas de
internación médica, donde están expresamente prohibidos. También hay casos de
personas que pasan largas horas frente al computador, sin poder dejar de
chequear y actualizar las redes sociales.
Bien es cierto que el avance tecnológico facilita
en muchos aspectos la vida, pero la relación persona-aparato puede volverse
patológica.
Aunque no hay estudios científicos que den cuenta
de la prevalencia del tecnoestrés en la sociedad, una investigación reciente de
Intel en varios países del mundo detectó que el 40 por ciento de los usuarios
permanece 24 horas, siete días a la semana, conectado a sus dispositivos,
mientras que 8 de cada 10 duermen con su celular al lado. Los profesionales
consultados consideran que, sin que sea una epidemia, una proporción
significativa de la población puede estar aquejada por estos males de nuestros
tiempos.
El término tecnoestrés comenzó a oírse en los
años 70, entendido como la sobrecarga de información que puede alterar a las
personas. Durante la última década, y a medida que las tecnologías se fueron
haciendo masivas y de uso más cotidiano, este concepto comenzó a utilizarse con
más frecuencia.
De todos modos, aún no está clasificada como enfermedad
dentro del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales
(DSMV-IV), que contiene una clasificación y proporciona descripciones de las
categorías comprobadas.
Signos y síntomas
El tecnoestrés puede manifestarse de diversas
maneras: tecnoansiedad, que es la tensión derivada por el uso extremo de las
tecnologías y que se revela, por ejemplo, en la necesidad imperiosa de
responder un mensaje de manera inmediata más allá del contexto y de que la
respuesta no sea de carácter urgente. Es también un estado de nerviosismo que,
precisamente, desencadena la falta de conexión.
Por otra parte está la tecnofilia, que puede
evidenciarse en un deseo desmedido por adquirir el último gadget lanzado al
mercado.
Está también la tecnofatiga, que se caracteriza
por un estado de cansancio mental y físico, agotamiento cognitivo, trastornos
visuales, cefaleas y dolores musculares (principalmente tensión de cuello y
espalda), derivados del uso excesivo de las tecnologías.
Otro cuadro está dado por la tecnoadicción, que
tiene que ver con la necesidad desmedida de usar la tecnología en cualquier
momento y lugar, hasta tal punto que la vida real de la persona se ve alterada
por la preponderancia de las relaciones virtuales.
Consejos
Un buen comienzo puede ser desconectar las
alertas de correos electrónicos durante los fines de semana o apagar el
teléfono por las noches, para no estar pendiente del equipo. El sondeo de Intel
también determinó que el 20 por ciento de los usuarios prefiere perder la
billetera antes que el teléfono, mientras que el 43 por ciento cree que su
dispositivo refleja su personalidad. La mitad de las personas asegura que su
vida social sería poco atractiva sin su equipo. No está de más recordar que el
objetivo es, siempre, ser usuarios de la tecnología y no sus esclavos.
Pedir ayuda
Los expertos afirman que el tratamiento para las
personas con tecnoestrés depende de si la manifestación se da a través de
adicción, ansiedad o depresión. Sea cual fuere, no hay una receta para todos
los casos, sino que el tratamiento apropiado debe ser implementado dependiendo
de las características propias de cada individuo.
En líneas generales, al tecnoansioso se lo puede
tratar como si fuese un caso clásico de trastorno de ansiedad. En tanto, la
tecnoadicción se atiende como un problema de adicción y se trabaja el día a
día.
Alarmas
De las patologías mencionadas, los entrevistados
dicen que la mayoría de las consultas tiene que ver con la dificultad que
manifiestan las personas para poder desconectarse de sus aparatos. Si las
relaciones interpersonales se concretan principalmente a través de la
tecnología, estamos ante un indicio importante.
Según los expertos consultados, los primeros
síntomas de que algo anda mal son la pérdida de la autoconfianza, problemas en
el rendimiento laboral y cada vez más conflictos en las relaciones
interpersonales.
DÉBORA SLOTNISKY
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