Su mensaje está claramente intencionado, dirigido a cambiar la conducta del consumidor en favor de la marca. Por su parte, los brand advocates se caracterizan por ser personas de carne y hueso, que se han convertido en fieles seguidores de la marca, defensores a ultranza de la misma, volcados vocacionalmente por difundir a bombo y platillo sus beneficios y ensalzarla entre su círculo de amigos y contactos, tanto dentro como fuera del medio online. Existen notables diferencias entre estos dos tipos de benefactores de una marca, éstas son las más relevantes:
Nada menos que un 92% frente a un escaso 18%. Los clientes están saturados de los comentarios de expertos y "seres superiores", cuya voz suena distante e intencionada. Ahora dan más valor a las opiniones de sus semejantes, sustentadas en hechos tangibles.
La diferencia estriba tanto en el mensaje que se emite como en el modo de hacerlo; dado que los brand advocates hablan desinteresadamente de la marca, transmiten principalmente su experiencia personal con el producto. Tienen vocación de ayudar a los consumidores potenciales y eso se percibe de modo muy positivo por los receptores. La transmisión del mensaje no se hace de forma masiva, sino que hay un trato más personal; suele ser con los contactos directos del usuario.
Su pasión por la marca no es un requisito indispensable en estos prescriptores, aunque sí sería deseable. A la hora de crear una actitud favorable hacia la marca, es recomendable fidelizar a los clientes existentes, ganar su confianza, generar engangement de tal modo que se conviertan en evangelizadores y propaguen su experiencia positiva y comentarios a favor de la marca.
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