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Es posible conducir un coche con el cerebro



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Raúl Rojas (México D. F.) llega a la entrevista con su último invento literalmente bajo el brazo, el brain driver, “un aparato para controlar una máquina con el cerebro”. Viene directamente desde el aeropuerto, de Berlín, e intuye que le pediremos que pose con su creación. “Ya lo imaginaba... aunque yo tengo mucho pelo y le luce más a los calvos”, bromea Rojas, experto en inteligencia artificial y robótica.
Apenas pasará 24 horas en España y no tiene un minuto libre: todos quieren conocer el ingenio que ha diseñado. “Es un aparato con sensores que, en contacto con la piel de la cabeza, puede interpretar las ondas cerebrales y puede mover, por ejemplo, un automóvil o una silla de ruedas”, explica, mientras toma el único sorbo de agua que probará durante todo el encuentro. Tiene muchas cosas que contar y poco tiempo.
Según Rojas, “concentrarse en imágenes produce ondas cerebrales distintas que concentrarse en palabras”, diferencias también perceptibles si “uno piensa en la pierna derecha o en la pierna izquierda”. “Lo que hemos hecho es programar una máquina para que interprete esos patrones de pensamiento”, dice con tanta naturalidad que parece que cualquiera sería capaz de inventar algo similar.
El brain driver tiene cuatro comandos: uno para acelerar, otro para frenar y otros dos para ir a la izquierda y a la derecha, “Por eso es posible conducir un coche con el cerebro”, afirma Rojas. Lo que no es posible es estrellarse. Ni aunque el conductor lo pensara. Según el inventor, “el vehículo tiene un mapa de la ciudad, sabe dónde está la calle y circula por ella como si fuera un tubo”.
El aparato funciona, “aunque requiere entrenamiento”. Y Rojas, que, según insiste, no tiene tiempo y solo se permite como “hobby” la lectura y un poco de baloncesto, todavía no lo ha probado. Pero uno de sus alumnos de la Universidad Libre de Berlín, donde enseña —“cuando terminan sus estudios me los arrebatan las empresas”, presume—, es incluso capaz de conducir haciendo zigzag.
Aunque más que los coches, la aplicación del brain driver a la que aspira Rojas es a su adaptación a prótesis, “para que quienes han perdido una pierna o un brazo puedan controlar sus extremidades artificiales con la mente”. Ya hay algunos prototipos, pero todavía “requieren más investigación”.
Raúl Rojas, invitado por Línea Directa, que hoy presenta su Fundación de Seguridad Vial, se dedicó a la fabricación de robots hasta que su empeño en participar en “una carrera de autos robóticos” en Estados Unidos en 2007 —Rojas es dos veces campeón mundial y tres veces campeón europeo de torneos de fútbol robótico— le sumergió en el mundo del automóvil. “Llegamos a la semifinal y cuando regresamos a Berlín, continuamos desarrollando el coche autónomo”, un vehículo que conduce por sí solo y que ya circula en pruebas por las calles de Berlín. Rojas lo define como “un taxi en el que el taxista es un ordenador”.
En 2007, ningún fabricante confiaba en la creación de coches autónomos, porque creían “que a la gente le gusta conducir”. “Pero yo creo que cuando te toca la lotería lo primero que haces es contratar a un chofer”, ríe. Y tiene claro que el futuro discurre hacia estos automóviles. “En carretera pueden entrar en funcionamiento antes de 2020”, augura. Y no solo se ganará en comodidad, también en seguridad, porque los robots, según dice convencido, evitan más accidentes que los humanos.

La Universidad de Stanford modela un nuevo circuito basado en el cerebro humano

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Neurogrid

Los bioingenieros de la Universidad de Stanford han desarrollado un nuevo circuito que está basado en el funcionamiento del cerebro humano y que según sus responsables es capaz de funcionar 9.000 veces más rápido que lo que lo haría una computadora convencional que simulase esas funciones.
Esta computadora de propósito específico además consume mucho menos que un PC que tratase de ejecutar esos procesos. Según Kwabena Boahen, uno de los responsables del desarrollo, un ordenador actual consumiría 40.000 veces más energía que este nuevo ingenio. Boahen y su equipo han logrado crear Neurogrid, una placa que incluye 16 "neuronúcleos", como los denominan, y que al funcionar en conjunto pueden simular el comportamiento de un millón de neuronas y miles de millones de conexiones sinápticas.
El dispositivo, del tamaño de un iPad, es capaz de simular ese tipo de sistemas neuronales con un consumo mínimo, y ahora el reto es el de crear un software para facilitar su uso a científicos que, por ejemplo, quieran controlar un robot humanoide basado en este tipo de circuito.
Las posibilidades van más allá, y el trabajo de Boahen con otros científicos de Stanford hace que éstos puedan desarrollar por ejemplo prótesis de extremidades para gente con parálisis que podrían ser controladas con chips de este tipo.
Por el momento, eso sí, su coste es elevado: los 40.000 dólares de cada uno de estos circuitos los hacen poco accesibles, pero este equipo de Stanford ya está estudiando formas de abaratar su producción, y afirman que si la producción se hace en grandes volúmenes y en procesos de fabricación modernos el precio podría rondar los 400 dólares.

Los videojuegos de lógica y acertijos modifican el cerebro


Hace ya años que los videojuegos se han quitado el estigma de servir, únicamente, para divertirnos. Varios estudios han demostrado que no solo mejoran nuestra destreza con los dedos o hacen volar nuestra imaginación, sino que pueden llegar modular nuestro cerebro ayudándole a aprender mejor. Una reciente investigación española realizada con el videojuego El Profesor Layton ha señalado que hasta puede llegar a modificar su morfología y aumentar el volumen de materia gris cerebral. 
 
Hace unos meses un experimento llevado a cabo en la Universidad Estatal de Michigan, Estados Unidos, con 500 niños de doce años, certificó que quienes jugaban con videojuegos eran más creativos a la hora de escribir y dibujar. Otros estudios han certificado la mejora en el desarrollo de ciertas habilidades, como el pilotaje de aviones o la conducción de coches. Dos investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Universidad Complutense de Madrid han ido un paso más allá y han analizado cómo influyen los videojuegos en la plasticidad del cerebro.

Las fresas son buenas para el cerebro


Los frutos rojos, sobre todo las fresas y los arándanos, pueden ayudar a mantener el cerebro más joven según un estudio del Hospital Brigham and Women’s de Boston (EE UU) publicado en la revista Annals of Neurology. Los autores han demostrado que el consumo de estos alimentos una o dos veces por semana retrasa la pérdida de memoria y conserva la agudeza mental en mujeres gracias a su contenido en flavonoides. El estudio, basado en 121.700 mujeres adultas, comenzó en 1976, cuando la mayoría tenía 30 años de edad. Además, se recavaron datos de 16.000 mujeres más que habían cumplido los setenta años entre 1995 y 2011.

Los resultados revelan que aumentar el consumo de antiocianinas y flavonoides a través de arándanos, cerezas o fresas hace que la pérdida de memoria y el deterioro cognitivo se produzcan de manera más lenta, concretamente 2 años y medio más despacio que en mujeres que no consumen este tipo de frutas.
 
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Web Cerebral: la transformación de la Web 4.0

El concepto de Web 2.0 ha quedado obsoleto

Parece que tenemos un poco más de definiciones concretas sobre el modo en que se está desarrollando Internet y lo que viene a futuro: el concepto de Web 2.0 ha quedado obsoleto (ya pasaron 7 años desde su nomenclatura) y ahora entramos en un punto de definir a la siguiente fase, aunque todo indica que la Web 3.0 ya llegó hace rato y también ha quedado atrás. Repasemos: el término 2.0 fue acuñado por el especialista en software y código Tim O’Reilly en 2004 y ahora, en una conferencia que brindó en Madrid en la V edición del Foro Internacional de los Contenidos Digitales (FICOD), O’Reilly dijo que la denominación ha quedado “obsoleta” y que lo que se impone es la movilidad y la nube.

Por eso, como explica la especialista española en marketing digital María José López, lo que viene (en realidad lo que ya llegó) es la fusión entre la Web y el Mundo real, lo que O’Reilly junto al periodista John Battelle llamaron en 2009 Web Squared o Web² (Squared en castellano es “al cuadrado”). ¿Cuál es la diferencia principal? La inteligencia. Así como la 2.0 concebía a la red como una gran participación común (comunidades, aplicaciones, blogs, redes sociales, alojamiento de videos, wikis), la Web² potencia todo esto y le suma lo que venimos observando en los úlimos tiempos: el filtrado, la inteligencia colectiva y sobre todo la fusión y convergencia entre lo virtual y lo real, lo que López denomina como Realidad Aumentada.

Y la cada vez mayor participación social y la aparición de sensores (smartphones, cámaras) alimentando las aplicaciones y plataformas, hacen que la Web ya no crezca aritméticamente, sino exponencialmente, de ahí el término Web al cuadrado. Por lo tanto, la Web² viene a ser la Web 2.0 multiplicada, una Web Ubicua.

La Web 4.0 de hoy

Tim O’Reilly explicó en Madrid que la transmisión de conocimiento a través de la red convierte a los internautas en “un cerebro único” y en una “mente global”, advirtiendo la simbiosis hombre-máquina, que para él es fundamental, ya que lo importante no es el dispositivo sino los servicios a los que está conectado y que adquieren sentido a partir de la información que le facilitan distintos sensores, poniendo como ejemplo un GPS.

Cuando el término Web 3.0 se mencionó por primera vez en 2006, se hizo foco en la inteligencia artificial, la aparición de las máquinas inteligentes. IBM, siempre un paso adelante, desarrolló este año una supercomputadora llamada Watson que ganó una ronda de tres juegos seguidos de Jeopardy, un concurso de TV de EEUU con preguntas sobre historia, literatura, bellas artes, cultura popular, ciencia, etc; la máquina venció a los dos máximos campeones y ganó un premio de 1 millón de dólares, que la empresa donó a obras de caridad. La idea de IBM y también de Google, es utilizar esta inteligencia artificial para una de las herramientas más preciadas del marketing: conseguir información única. Por caso, se menciona que están desarrollando la novedad de predecir qué canciones serán un éxito, tomando como base información de las webs de música de las universidades.

La movilidad, que borra las barreras preexistentes entre lo virtual y lo real, y que nos proporciona una Web más rápida y personalizada, también llegó. José Luis Orihuela, experto en el campo de las nuevas tecnologías, lo pone en claro con un par de ejemplos: “Cuando haces una compra en un portal de Internet (mundo virtual), en tu cuenta de banco hay tantos dólares menos (mundo real)“. Y esa compra, claro, puede hacerse desde cualquier sitio donde uno se encuentre online (con un teléfono o una portátil).

El otro de los conceptos que para O’Reilly hoy tienen valor es el de la nube, término conocido como computación en la nube (Cloud Computing), donde se ofrecen servicios de computación a través de Internet. Aquí, la información se almacena de manera permanente en servidores de Internet y se envía a cachés temporales de cliente, lo que incluye equipos de escritorio, centros de ocio y portátiles, eliminando de a poco los dispositivos de hardware de traslado de información y ahorrando energía, aunque también corriendo el riesgo de no obtener lo que es nuestro si por algún motivo no se puede acceder a Internet.

El futuro y el presente

La Web Ubicua, antes mencionada, supone que está ‘u’ de ubicuidad -cualidad que ancestralmente sólo se atribuía a los Dioses, ya que un contexto teológico se refería a una deidad que está presente a un mismo tiempo en todas partes en forma omnipresente- dota a los usuarios de la posibilidad de estar en todas partes, en todos los entramados sociales, teniendo a mano todas las novedades y las tendencias existentes. Hablamos aquí de una Web U (Web You, en inglés, para decir que la Web es Nuestra).

El gurú Raymond Kurzwei, empresario y científico especializado en ciencias de la computación e inteligencia artificial, vaticinó que en 2029 las computadoras tendrán la potencia de proceso equivalente a la de un cerebro humano, lo que permitirá desarrollar un nuevo sistema operativo Web y avanzar en el campo de la nanotecnología. Kurzweill predice que dentro de 18 años podremos dialogar de forma natural y online con una agente virtual inteligente, a través del cual se podrán realizar operaciones bancarias o de comercio electrónico. Para acceder a Internet, habrá medios delgados, ligeros, portátiles y con muy alta resolución, integrado a los vehículos, y donde existirán implantes neuronales con acceso directo a la Red que mejorarán las funciones cerebrales superiores como la memoria, la velocidad de aprendizaje y la inteligencia en general. Aquí, deberíamos hablar de Web Cerebral.

Pero estamos terminando 2011 y en plena fase de transformación de procesos: todo es una gran Web 2.0 aumentada, multiplicada, dotada de inteligencia colectiva y donde se fusiona lo virtual y lo real, que podemos denominarla Web 4.0 (la Web 2.0 al cuadrado). En poco tiempo se sumará a grandes volúmenes la inteligencia artificial y tal vez mucho antes de 2029 veamos aplicado el concepto de Web Cerebral. Mientras, esta fase 4.0 sigue avanzando, transformándose y progresando, con el ideal de mejorar la calidad de vida humana, de brindar soluciones y de sociabilizar (más y mejor para todos) su uso y acceso. El logro será que la idea se convierta en acción y ésta en concreción.

Ver la televisión acorta tu vida


Ver durante una hora la televisión acorta tu vida 22 minuto

Ver la television una media de seis horas al día puede acortar la esperanza de vida en cinco años, según una investigación publicada en la revista British Journal of Sports Medicine. El impacto rivaliza con otros factores de riesgo como fumar o la falta de ejercicio físico.

Para llegar a esta conclusión, investigadores analizaron los datos del Estudio de Diabetes, Obesidad y Estilo de Vida Australiano (AusDiab), con información de 11.000 adultos por encima de los 25 años de edad. A partir de estos datos observaron que cada hora de televisión reduce la esperanza de vida de un ser humano en 22 minutos. Y que un sujeto adulto que pasa frente al televisor una media de seis horas diarias a lo largo de su vida puede ver mermada su longevidad en cinco años frente a una persona que no ve habitualmentel a televisión.

Comparándolo con otros malos hábitos, los autores subrayan que otras investigaciones revelan que fumar está asociado con una reducción de la esperanza de vida en más de 4 años después de cumplir 50, de tal modo que un cigarro supone una reducción aproximada de la longevidad de 11 minutos, el equivalente a media hora de televisión. “Si nuestros resultados se confirman, ver la televisión deberá considerarse un problema de salud pública”, concluyen los autores del trabajo.
 
Fuente : http://www.muyinteresante.es/ver-durante-una-hora-la-television-acorta-tu-vida-veintidos-minutos


Encuentran la razón por la que se nos olvidan las cosas con la edad

Con la edad cada vez es más fácil olvidar donde dejamos las llaves o distraerse con cualquier cosa. Científicos afirman que encontraron la causa de este deterioro cognitivo y creen que puede revertirse.

 Con el paso de los años es fácil comenzar a olvidar dónde dejamos las llaves del auto o el nombre de esa persona que vemos a menudo.

Ahora, una nueva investigación descubrió la causa de este "déficit cognitivo" en la llamada memoria de trabajo y afirma que es probable que pueda revertirse.

Los científicos de la Universidad de Yale, Estados Unidos, encontraron que las redes neurales en el cerebro de personas de mediana edad y edad avanzada tienen conexiones más débiles y se activan con menos intensidad que las de los cerebros jóvenes.

Crean un cerebro artificial para robots

 
Investigadores de la Universidad de Granada trabajan en un proyecto europeo asociado con la multinacional de la electrónica Sony, que ha permitido hasta el momento diseñar microchips que emulan un cerebelo humano y que se puede insertar en robots.

El descubrimiento permitirá a las maquinas adoptar algunos comportamientos humanos y mejorar la interacción con el exterior, así como, en un futuro, ser base de aplicaciones en las personas en el tratamiento de enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer.